miércoles, 13 de agosto de 2014

ARQUEOLOGÍA: Los Guerreros de Terracota

Los Guerreros de Terracota
En el presente artículo nos centraremos en lo que algunos autores han considerado uno de los descubrimientos arqueológicos más importante del siglo XX y considerada la octava maravilla del mundo. Nos referimos a los Guerreros de Terracota.

Los Guerreros de Terracota son un conjunto de ocho mil figuras de guerreros a tamaño real, realizados en barro cocido (cerámica). Cada soldado es una obra única, lo que se puede apreciar en rasgos faciales y físicos. Tienen una altura aproximada de un metro y ochenta centímetros. En todos ellos, se aprecian detalles como en los uniformes, revelándonos la graduación militar que ostenta el soldado. Los guerreros se encuentran en formación de combate, portando armas y distribuidos en tres fosas. Uno de las fosas, concretamente la segunda, contiene  sesenta y nueve figuras, las cuales se corresponderían con los altos dirigentes del ejército. Aparte de los guerreros, también encontramos la tumba del emperador, lo que da a este lugar el calificativo de Mausoleo.

El yacimiento de los guerreros de terracota fue descubierto en el año 1974, por un grupo de agricultores, quienes se encontraban trabajando en el campo. El descubrimiento se produjo en la ciudad de Xian, ciudad que guarda en su interior parte importante de la historia de China.

Quin Shi Huang
Pero ¿Qué utilidad tuvieron estos guerreros? ¿Por quién fueron creados? Para responder a estas preguntas deberemos remontarnos al periodo de los reinos combatientes, aproximadamente, en el siglo V a.C. En dicha etapa de la historia de China, donde varios reinos pugnan entre sí, destacará el primer emperador de China denominado Quin Shi Huang. Dicho emperador, realizará la unificación del país, introduciendo diversas medidas como la versión de precursora de la actual muralla China.

Quin Shi Huang es considerado un gran fundador de China, aunque participó un gobierno autocrático.
Fue bajo su mandato, cuando se llevó a cabo la construcción de estos guerreros, para protegerse de sus enemigos más allá de la muerte.

Actualmente, el yacimiento está considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde al año 1987.
Diversos posicionamientos ven en este yacimiento la octava maravilla del mundo, en cambio, otros, al ver este colosal ejército, ven la avaricia del hombre.


Manuel Carreira Hernández

lunes, 11 de agosto de 2014

TRAJANO: El emperador Hispano

Busto de Trajano
Marco Ulpio Trajano nació en Italica (actualmente Sevilla), en la provincia romana de Hispania. Aunque su familia procedía de Italia, se había instalado en la Península Ibérica muchos años atrás, lo que convertía a Trajano en el primer emperador nacido fuera de Italia. Su familia tenía una impresionante reputación militar, lo que complació tanto a la guardia pretoriana como al ejército.

Anteriormente su padre había sido gobernador de Siria, y Trajano se había distinguido como colaborador de Domiciano en las guerras Dacias. En el año 91 d.C. Trajano obtuvo su primer consulado y se las arregló para evitar el reino de terror que Domiciano había desencadenado en Roma.
Tras la muerte de Domiciano, Nerva fue proclamado emperador en septiembre del año 96 d.C. y al no tener el apoyo de la guardia pretoriana, rápidamente garantizó un traspaso de poder libre de problemas, permitiendo que Trajano, que tenía el apoyo militar gobernara junto a él.

Cuando Nerva murió a principios del año 98 d.C. Trajano se estaba preparando para otra guerra contra los dacios y no regresó a Roma inmediatamente para proclamarse emperador, sino que continuó con los preparativos durante más de un año. Al regresar, tuvo un gran gesto: entró en la ciudad a pie, una señal de humildad que le granjeó el apoyo de los ciudadanos romanos de a pie.

Detalle de la Columna de Trajano
Trajano tuvo un gran éxito como emperador, y hasta consiguió expandir el Imperio. Entre los años 101 y 106 d.C. orquestó una campaña contra los dacios, los dacios fueron derrotados y la Dacia pasó a ser una provincia romana. Al año siguiente Trajano anexionó la región de Nabatea y creo así una nueva provincia árabe dentro del Imperio. Tras sus conquistas Trajano volvió al año siguiente a Roma para dedicarse durante siete años a mejorar la calidad social de las ciudades, con la construcción de puentes, calzadas y el Foro de Trajano que contó con muchos comercios nuevos y con la famosa columna homónima de 30 metros de altura para conmemorar sus victorias  en la Dacia, también construyó un puerto en Ostia para aumentar el suministro de cereales a Roma.

Tras siete años de vida civil, Trajano se moría de ganas de volver al ejército. La oportunidad le llegó en el año 113 d.C. cuando una disputa dinástica en Armenia le dio el pretexto que necesitaba para invadir Partia, el eterno rival de Roma en Oriente. Trajano triunfó. Sus tropas vencieron con facilidad a los partos, rápidamente ocuparon su capital, Ctesifonte, y  declararon provincia romana a Mesopotamia. La anexión de Mesopotamia, supuso el punto de máxima expansión del Imperio, que iba desde el océano Atlántico hasta el golfo Pérsico.
Trajano disfrutó del tiempo que pasó en el ejército y se dice, que de haber sido más joven, hubiera seguido avanzando por Persia, siguiendo los pasos de Alejandro Magno.

Tras su muerte en agosto de 117 d.C. le sucedió Adriano, al cual había adoptado Trajano según se dice, aunque también se comenta que fue su mujer Pompeia Plotina quien le adoptó en secreto.

Trajano fue recordado como uno de los mejores emperadores que tuvo Roma, para algunos más que Augusto, ya que tuvo una gran relación con los senadores y con el pueblo romano y también porque consiguió  el perfecto equilibrio de ofrecer victorias gloriosas sin que ello afectara negativamente a la vida de los ciudadanos romanos. Destacar también que fue la única persona junto a Julio César, que fue enterrada en el Foro romano.



David Asensio Caramés

sábado, 9 de agosto de 2014

COLABORACIÓN: El anhelo frustrado de Miguel Ángel

En 1505, el papa Julio II le encomendó una propuesta a Miguel Ángel Buonarroti que él consideró para sí mismo como un gran reto profesional: el sepulcro del propio Papa, que se ubicaría debajo de la cúpula de la Basílica de San Pedro.

El artista ideó un colosal mausoleo de estructura piramidal con tres pisos de altura, y lo más destacable, más de cuarenta figuras escultóricas de tamaño superior al natural. Esta tarea fascinó desde el principio al joven artista y arrojó en ella muchísima ilusión, pues aunque dominaba las tres grandes disciplinas del arte (arquitectura, escultura y pintura), él siempre optó por la segunda, su gran pasión.
Tan pronto como pudo se dirigió a las canteras de Carrara en busca de mármol, pero algo truncó sus esperanzas. El resto de artistas que trabajaron en Roma a las órdenes del Papa, entre ellos principalmente Rafael y Bramante, quizás recelosos del éxito y fama que estaba alcanzando Buonarroti, convencieron al Papa para que realizase la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina en lugar de la sepultura. Se trataba de una superficie de 10.000 m2 que debía cubrir con pinturas al fresco. El techo estaba muy deteriorado y presentaba un cielo azul con estrellas, un aspecto muy simple, cuyo autor era Piero Matteo d’Amelia.


En el año 1508 Miguel Ángel accedió al encargo pero totalmente decepcionado, puesto que el nuevo proyecto era muy ambicioso y contaba con grandes dificultades a la hora de su ejecución como, por ejemplo, el empleo de la técnica “al fresco”, en la que se debía pintar una vez que se aplicaba yeso en el muro y sin esperar a que éste se secase, con lo cual no permitía correcciones si se cometían fallos (en ese caso, se tenía que volver a repetir); o, por otro lado, las diferentes incomodidades como la altura (Miguel Ángel tuvo que diseñar unos andamios para poder subir), la postura del cuerpo a la hora de pintar… Sin embargo, hay que reconocer que si algún día llegaba a acabarlo, conseguiría un reconocimiento universal, como así ha sido.

Miguel Ángel empleó cuatro años (1508-1512) en realizar la decoración, aunque en realidad sólo trabajó tres, puesto que hubo una pausa intermedia de un año debido a la falta de presupuesto por parte del Pontífice por las diferentes luchas que mantenía contra sus enemigos.

La primera intervención duró dos años y consiguió pintar la primera mitad de la bóveda. Fue muy lenta, aunque en el segundo intervalo de tiempo, de 1 año, ilustró la otra mitad y sin duda, fue más ágil. Un ejemplo sería la duración de la realización de dos escenas diferentes: el Diluvio Universal (la primera que hizo) y la famosa Creación de Adán (más posterior).Mientras que, para la primera empleó 4 o 5 meses en hacerla, la segunda estaba terminada en 4 días. Obviamente, la primera etapa fue muy dura. Al principio, Miguel Ángel contó con la ayuda de un grupo de artistas “de segunda fila”. En cambio, no dudó en despedirlos y en realizar únicamente él todo el trabajo. Para el artista supuso un auténtico calvario, pues tuvo que sacrificarse y abandonar su querido proyecto (el mausoleo del Papa y todas sus esculturas) para embarcarse absolutamente en esa grandiosa labor. Es más, el proyecto original que ideó tuvo que ser reducido posteriormente para ser ejecutado al no haberle dedicado el tiempo necesario ni encontrar personas que lo financiaran. Trabajó durante noche y día y tuvo continuos enfrentamientos con el Papa, pues éste insistía en que tardaba muchísimo tiempo. Hay que añadir que él tenía un alto nivel de auto-exigencia y nunca se daba por satisfecho, por lo que repitió algunas partes muchas veces. No dejaba a nadie que accediera a la sala y se enfurecía bastante si alguien lo interrumpía. Además, hubo diferentes momentos en que sufrió delicadeza de salud. De todos modos, el resultado fue y es extraordinario. Se desenvuelve un programa iconográfico que contiene más de trescientas figuras, dotadas de una riqueza inigualable. Uno de sus grandes atractivos es el uso de intensos colores, más apreciables gracias a la restauración que tuvo lugar durante los años 80; la exuberancia de las formas, las grandes magnitudes y el minucioso estudio de las figuras. Se puede observar un espectacular modelado de su anatomía, algo obsesivo para Miguel Ángel: tanto los cuerpos masculinos como femeninos son muy musculosos, aunque en el caso de las mujeres no se pierde la sensualidad y la delicadeza;  las grandes contorsiones y los difíciles escorzos que adoptan, el movimiento... 

Pero lo más curioso es el tratamiento de las diferentes escenas, una tipología no muy frecuente que capta la propia interpretación del autor, e incluye diferentes elementos poco usuales: lo podemos ver, por ejemplo, en la Creación de Adán, como Dios le da aliento de vida a través del contacto de sus dedos con los del ser humano o en la escena del Pecado original, que para algunos intelectuales resulta desconcertante y para explicarla han recurrido al motivo de la igualdad de sexos, ya que siempre la religión ha afirmado que la mujer  incitó al hombre al pecado al comer ella la manzana. En este caso, podemos ver como Eva la coge y, al mismo tiempo, Adán se dirige al árbol prohibido y extiende su brazo. También, la figura del profeta Jeremías o las pieles desgarradas que sostiene San Bartolomé en el Juicio Final (en el testero de la capilla, realizado más tarde), son imágenes que se han identificado con autorretratos del propio Miguel Ángel, que muestran un visión torturada del personaje, que se debate entre el pecado y la salvación de su alma. Incluso recientemente, un equipo de científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos ha descubierto en el rostro de Dios en  La separación de la luz y las tinieblas un cerebro y su unión con la columna vertebral, aunque se puede tratar de una ilusión óptica. Cada uno aporta su propia visión, pero ¿quién se atreve a desentrañar los misterios que esconden estas pinturas?
En general, yo creo que hay que imaginar el tremendo esfuerzo y fuerza de voluntad (para mí admirable), que empleó este artista en realizar esta obra, a pesar de que no le gustaba demasiado, ni se consideró un genial pintor. Pero, de todas formas, se forjó un gran reto: demostrar su talento también en este campo… y desde luego, lo hizo.


José Manuel González Martín

viernes, 8 de agosto de 2014

LA PIRATERIA NO ES SOLO COSA DE HOMBRES: La pirata Lady Killigrew

En la Inglaterra de finales del siglo XVI la hermandad de la piratería Killigrew dominaba los mares.

Lady Mary Killigrew
La familia había conseguido reunir una gran fortuna a través de la piratería y el contrabando. Aunque curiosamente, uno de los hijos de la pirata Lady Killigrew, Sir John Killigrew era un hombre respetado, un oficial del gobierno y además el presidente de la Comisión contra la Piratería de Cornualles.
Su abuelo, Philip Wolverston era conocido como “el gentilhombre pirata de Suffolk”. Su tío Peter de joven robaba barcos en el Mar de Irlanda, Jhon Michell y John Penrose, primos suyos, también estaban involucrados en la piratería. Pero quizá lo más asombroso era que su madre, Lady Killigrew, dirigía el negocio familiar de la piratería desde su castillo en Pedennis, a la entrada del puerto Falmouth.

Aunque la familia Killigrew había estado deteniendo barcos y robando las mercancías que llevaban durante años, se cuidaban de no saquear los de la reina Isabel I.
Sin embargo, una noche de diciembre de 1582, Lady Killigrew supervisó personalmente el saqueo de un barco que, por culpa de un huracán, se había tenido que refugiar en el puerto de Falmouth. El María de Sebastián era un sólido mercante del que se rumoreaba que llevaba sedas, especias y barriles llenos de doblones españoles.
Lady Killigrew, acompañada de Henry Kendall y John Hawkins, dos sirvientes de confianza, y siete marineros flamencos, abordaron el barco. La mujer acuchilló a los tripulantes y luego arrojó los cadáveres al agua. Tras el saqueo mandó a los marineros flamencos con el mercante para que vendieran el botín en un puerto extranjero.

Pero los planes se torcieron, ya que no todos los tripulantes habían muerto. Dos nobles españoles que viajaban en el mercante, Felipe de Orozo y Juan de Charis, habían pasado la noche en una fonda de la aldea de Penryn. Y decidieron llevar el caso a la Comisión contra la Piratería, cuyo presidente era sir John Killigrew.

Los barriles robados contenían sólo cuero, piezas de paño de Holanda y un puñado de duros españoles. Los cuales habían aparecido hacia poco en Arwenack, la casa de la madre de Killigrew. Las sospechas recayeron rápidamente sobre Henry Kendall y John Hawkins, pero su coartada les sirvió para que la Comisión diera el veredicto de que había sido un acto de piratería cometido por varias personas de identidad desconocida. 

Charis y Orozo sospecharon de la Comisión y, pidiendo unos salvoconductos, partieron hacia Londres donde denunciaron lo sucedido al conde de Bedford, miembro del Consejo de la Corona de la reina, que vio la perfecta oportunidad de poner fin a la famosa hermandad pirata de Cornualles.

En Londres se demostró que las coartadas de Kendall y Hawkins eran falsas. Todos, incluida la famosa Lady Killigrew, fueron mandados al cadalso. Pero la reina, una hora antes de la ejecución de la mujer pirata, decidió dar marcha atrás en su empeño y la indultó, tras esto soborno un nuevo jurado que la declaró inocente. Nadie sabrá ya, que le llevó a la reina a este acto de benevolencia, pero Lady Killigrew no volvió al mar hasta su muerte en 1570.


Ana Pinel Benayas

BIBLIOGRAFÍA.

-GERMÁN VÁZQUEZ CHAMORRO, Mujeres piratas, Biblioteca Castilla la Mancha, Algaba Ediciones, 2004.
-ERNESTO FRERS, Más allá del legado pirata, RoobinBook, 2008. 




miércoles, 6 de agosto de 2014

ROMA II: Los Enemigos de Roma

Roma, capital del mundo antiguo y dominadora de todo el Mediterráneo, fue una civilización que debido a sus fuertes ambiciones por expandir su imperio tuvo que lidiar con muchos problemas en los diferentes frentes abiertos que intentaba conquistar.

Pugna en el Mediterráneo occidental.

Una de las zonas que más llamó la atención a los romanos fue la cercana a la ciudad de Cartago (norte de África), incluyéndola. A principios del siglo III a.C. esta ciudad se convirtió en una gran potencia económica y militar que era principal dominante de las rutas marítimas de la cuenca occidental del Mediterráneo. Además, sus posesiones en Sicilia, Córcega, Cerdeña y algunas colonias en las costas del Norte de África le garantizaban este dominio marítimo.

Sin embargo, tenían tres puntos débiles a tener en cuenta. Uno de ellos, se encontraba internamente, es decir, en el ejército. Era un ejército formado por mercenarios, cuya lealtad ante los momentos difíciles era dudosa.
Otro problema se centraba en sus dominios territoriales del norte de África, pues estos tenían una escasa cohesión geográfica, frente a los dominios itálicos, bien delimitados.
Y por último, estaban en continua amenaza, que provenía de una rebelión formada por sus súbditos libios, que estaban descontentos por las condiciones a las que se veían sometidos.

Romanos y cartagineses libraron tres guerras difíciles que se desarrollaron en gran parte del siglo III y en los años centrales del II a.C. La derrota de Cartago tuvo como consecuencia la total destrucción de la ciudad.
En estos combates participaron grandes mandos militares, entre los que destaca la figura de Aníbal. Sorprendió y derrotó a los romanos en tres importantes batallas, pero fracasó debido al potencial militar por parte de Roma. Aníbal fue obligado al exilio y se suicidó antes de ser capturado por los romanos.

Lucha en el Mediterráneo oriental.

En la parte oriental del Mediterráneo, los romanos tuvieron que librar escollos ante los reinos helenísticos, que se habían formado tras la muerte de Alejandro Magno. Destacaron los Antigónidas que dominaban Macedonia y los Seleúcidas que poseían casi toda la parte Oriental.
Estos reinos destacaban por su capacidad militar y financiera, muy superior a la de Roma. Pero las rivalidades entre estos dos reinos y la propia ambición de los monarcas los impidieron llegar a un acuerdo para intentar acabar con Roma. Al final estos territorios a finales del siglo II a.C. acabaron en manos romanas.

Tras acabar con estos reinos, aún faltaban dos obstáculos: Egipto liderado por Tolomeos y Ponto con Mitríades VI Eupátor. Aunque muy pronto acabaron por sucumbir ante las tropas de Sila, Lúculo o Pompeyo el Grande que impusieron el dominio romano en la zona oriental.

Luchas en Hispania.

La conquista de la península Ibérica fue un proceso bastante largo, complejo y costoso. En este caso, Roma no se enfrentaba a un Estado organizado, sino que hacái frente a una especie de tribus independientes que buscaban y defendían su libertad.
Ruinas de Numancia
Esta guerra fue más difícil de lo que se predijo. Se establecieron múltiples campañas, que dieron a Roma muchas desgracias: el botín que se conseguía era muy escaso, las condiciones de vida en los bosques eran muy duras, los soldados romanos desconocían el terreno y estaban sometidos a constantes emboscadas. Escipión Emiliano fue el que tras un asedio a la ciudad de Numancia, puso fin a esta duradera guerra.


En el caso de Lusitania, fue otro foco importante debido a su resistencia. Los indígenas, liderados por un caudillo inteligente y muy hábil, Viriato, puso a las tropas romanas en jaque. La guerra contra este líder se presentó bastante complicada pero su asesinato a traición acabó con la resistencia que se estableció en todo el país.


Daniel Velasco García

domingo, 3 de agosto de 2014

COLABORACIÓN: La Europa quebrantada

Después de varios siglos coronada como la emperatriz de la Tierra, Europa se vio marchita, frágil, demasiado pequeña como para sostenerse sobre el trono imperialista al que había dedicado tantos esfuerzos en embellecer. Tras el holocausto que enfrentó por segunda vez a las grandes potencias del panorama internacional, los países de Occidente quedaron arrasados, incapaces de valerse por sí mismos para escapar de la ruina, y hubieron de dar el relevo a aquellos que se alzaron como los grandes vencedores de la Segunda Gran Guerra: los Estados Unidos de América y la Unión Soviética. Ello implicaba una revolución en las relaciones internacionales, puesto que habría que coordinar y entenderse con nuevas fuerzas.

Veamos qué ocurrió con las potencias europeas. Tras la derrota, Alemania quedó completamente arrasada. Las pérdidas ascendían a los seis millones de muertos, y sus principales infraestructuras fueron devastadas por el fuego aliado. Acabado el enfrentamiento, se acordó que el territorio fuese dividido en cuatro zonas, cada una de las cuales sería entregada a Francia, Inglaterra, EE.UU., y la URSS. Sin embargo, los proyectos de las potencias aliadas se contraponían a los que tenía en mente Stalin: mientras que los primeros deseaban la pronta recuperación económica y política del país y así lo demostraron uniendo sus respectivos territorios, el líder soviético se impuso como objetivo primordial lograr una Alemania obediente al sistema comunista, si no neutral al menos. Así pues, los rusos procedieron en 1948 a elaborar el bloqueo de Berlín, cortando el envío de suministros por vía terrestre, y ahogando a la población alemana. Los aliados respondieron ante esta amenaza a través de la vía aérea: una bandada de aviones volaba constantemente sobre la ciudad para abastecerla desde el cielo, una operación que se alargó hasta durar un año, y que sería bautizada como “Procesión de Semana Santa” (se dice que cada minuto surcaban los cielos un avión sobre Berlín).

Charles de Gaulle. Fotografía de 1942
Francia quedó en una posición verdaderamente débil ante el panorama internacional. Tras la invasión alemana del 1940, tuvo que mantener un régimen de colaboración con el ejército nazi. No sufrió tantas pérdidas como lo hiciera en la Gran Guerra, en la que soportó aquellas frías tempestades de acero que se desataban en las oscuras trincheras, pero la división de los francos entre rendidos al gobierno de Vichy y partidarios de la Resistencia, dirigida por De Gaulle, hacía que su reconstrucción dependiera más de las fuerzas aliadas que de sí misma. Igualmente en Italia el daño del conflicto era más ideológico que material. El país volvió a cambiar de capas durante el conflicto, acabando en el bando contrario al que comenzó, y dejando abiertas serias dudas sobre su orientación política, surgiendo choques entre republicanos y monárquicos incluso tras haber alcanzado la paz. Podríamos considerar entonces que era una cuestión de crisis de identidad la que remordía la conciencia italiana.

El final fue dulce y amargo para Inglaterra. Si bien no cargó con bajas excesivas, y logró el liderazgo de la Gran Alianza a través de la figura de Churchill, sus deudas se acumulaban hasta el punto de resultar insostenibles, y como consecuencia, era incapaz de afrontar los gastos que suponía rehacerse y a la vez evitar el hundimiento de su imperio colonial. Inglaterra, que se enorgulleció alguna vez de su incuestionable mandato internacional, renunció con gran pesar a su vasto dominio.

"Los Tres Grandes": Churchill, Roosevelt y Stalin
El mundo quedó puesto en manos de las dos grandes superpotencias, que regirían el globo terráqueo a partir de entonces. Los Estados Unidos gozaban de una privilegiada posición, dado que se había enriquecido con la guerra, y exceptuando el fatídico episodio de Pearl Harbor, prácticamente había quedado intacta. Habían tomado las riendas de la producción manufacturera mundial, y su ofensiva militar resultó ser decisiva para decantar la balanza a favor de los aliados, por no mencionar la incuestionable autoridad que le ofrecía la posesión exclusiva del arma atómica. Serían los máximos defensores de la democracia y del libre comercio. Mientras, la URSS planeaba cómo trasladar a la realidad el comunismo universal, aquel gran designio que instauró Marx, y trataba de reorganizar su sistema económico para disputar el liderazgo a los norteamericanos, una misión verdaderamente difícil teniendo en cuenta que los estragos de la guerra se habían saldado su sed de destrucción con veinte millones de muertos. Y dado que habían desplegado el Ejército Rojo por la mayor parte del continente, ¿por qué iban a retirarse, ahora que podían imponerse sobre ellos?

La tensión era más que palpable en la formación de la ONU, una institución en la que participarían numerosos países que tomarían voz siendo representados en la Asamblea General, y en la que predomina la decisión fundamental del Consejo de Seguridad, donde se asientan los considerados vencedores de la guerra: Inglaterra, China, Francia, la URSS y los Estados Unidos. Su objetivo era velar por la paz mundial y asegurar la coordinación entre los componentes de la organización. Sin embargo, existía un riesgo implícito en esta forma de gobierno, y es que solamente lograría sus objetivos si se lograba el consenso entre las cinco entidades. En aquel momento, se hizo patente que el futuro internacional pendía de un hilo sostenido por las dos grandes potencias, que dividieron al mundo en dos grandes bloques irreconciliables y opuestos. Tras haber permanecido en un largo letargo profundamente dormidas, las superpotencias ahora se revelaban como dogmas que vendrían a conquistar el mundo, en una dura pugna que, lejos de emplear las armas para la batalla, se debatía en susurros, espionajes, rumores, gestos, políticas y acusaciones. Una guerra en la que nadie volvía sus cartas boca arriba, en la que primaba más el juego de mentes que el bombardeo. Para Stalin, quien impusiera su sistema en un territorio primero, se convertiría inmediatamente en su nuevo dueño. Churchill dio el toque de queda cuando advirtió de las ambiciones palpables de los rusos, cuando afirmó que sobre Europa había caído un Telón de Acero.

Y entonces comenzó la Guerra Fría.

BIBLIOGRAFÍA.

-VVAA, “Historia del Mundo Actual (desde 1945 hasta nuestros días), Universidad de Valladolid, Valladolid, 2000. 


Carlos Meléndez Valdés Cutanda



viernes, 1 de agosto de 2014

EJÉRCITOS INVENCIBLES: Los Tercios

Una de las principales características de la Edad Moderna es el renacimiento militar, dejando de lado la tradicional caballería y dando paso a la infantería, que se reflejará en una de las principales unidades de Europa: los Tercios.

Los Tercios eran unidades militares del Ejército español y al servicio de la monarquía católica. Se caracterizan por su gran resistencia en el campo de batalla, siendo herederos de los piqueros suizos. Supusieron la pieza fundamental del ataque terrestre, así como marítimo y mezclaron el uso de la pica y las armas de fuego. Pese a su escaso número eran considerados como tropas de élite y con gran capacidad para dividirse en unidades más móviles.
En general, un tercio estaba formado, aproximadamente, por tres mil hombres, claro que dichas cifras podrían variar.
El tercio no tenía un uniforme definido, por lo que los soldados lucían distintivos de un color, para vincularse a su rey en la batalla. Además también debían de encargarse de su propia manutención.
El entrenamiento de esta unidad militar se llevaba a cabo en Italia, pues era una de las regiones más seguras tras la Paz de Cateau-Cambresis (1559).

El origen de los Tercios se remontaría Carlos I de España, quien, no solo heredó los diversos territorios de sus abuelos, sino también los conflictos de estos. Por este motivo, el emperador se vio sumergido en diversas campañas militares en gran parte de los frentes europeos, como Italia, Norte de África, Danubio etc.
Pero también heredó experiencia en el arte de la guerra, contando para ello con veteranas unidades de infantería, procedentes del reino de Aragón y de Castilla  endurecidas en las guerras de Nápoles.
De esta forma la infantería hispánica adquirió fama de ser invencible. Aunque es cierto que los Tercios son unas de las mejores unidades de la Edad Moderna, debemos tener en cuenta la gran distorsión que ha habido de este tema por diversas interpretaciones historiográficas.

Entre las funciones de los Tercios no estaba la de defender la Península Ibérica, ya que de eso se encargaban otras unidades militares. Ellos fueron utilizados en el mapa de operaciones hispánicas, como la revuelta morisca de las Alpujarras (1568-1571), la campaña de Portugal (1580), o la rebelión de los catalanes a partir de 1640. Pero si hay que destacar una campaña militar esa es la campaña de Flandes.


La Guerra de Flandes fue un largo episodio bélico (1568-1648) que desgastó a la monarquía hispánica, generando grandes pérdidas, tanto humanas como económicas.
La guerra acabó con la independencia real de los Países Bajos, tras la Paz de Westfalia (1648). Los rebeldes neerlandeses recibían apoyo de las potencias enemigas de los Habsburgo, es decir, Francia e Inglaterra.
A este hecho, hay que sumar la habilidad de los rebeldes para diseñar nuevas tácticas de combate con las que atacar a los Tercios.
En este sentido, la llegada de refuerzos a los Tercios se hizo por tierra, mediante lo que se conoce como el Camino Español. Dicha ruta, fue diseñada por el duque de Alba en el año 1567, quien además dirigió a los Tercios. Los soldados tardaban una media de 50 días en recorrer dicha vía. Desde estas premisas, se calcula que la monarquía hispánica movilizó aproximadamente a ciento veinte mil hombres.

A pesar de ser una prestigiosa unidad militar, no hay que olvidar que también sufrieron derrotas como la de Nieuwport (1600), la batalla de Montjuïc (1640), donde perdieron frente a un ejército de franceses y catalanes, y en la batalla de Rocroi (1643), donde se pondrá punto y final a los Tercios.
A partir de aquí, los Tercios influirán en las nuevas unidades militares de la Edad Moderna.

En la actualidad, podemos observar también su influencia en Alatriste o también en Miguel de Cervantes Saavedra, el cual perteneció al Tercio de Miguel de Montcada en la batalla de Lepanto (1571).

Manuel Carreira Hernández