miércoles, 6 de agosto de 2014

ROMA II: Los Enemigos de Roma

Roma, capital del mundo antiguo y dominadora de todo el Mediterráneo, fue una civilización que debido a sus fuertes ambiciones por expandir su imperio tuvo que lidiar con muchos problemas en los diferentes frentes abiertos que intentaba conquistar.

Pugna en el Mediterráneo occidental.

Una de las zonas que más llamó la atención a los romanos fue la cercana a la ciudad de Cartago (norte de África), incluyéndola. A principios del siglo III a.C. esta ciudad se convirtió en una gran potencia económica y militar que era principal dominante de las rutas marítimas de la cuenca occidental del Mediterráneo. Además, sus posesiones en Sicilia, Córcega, Cerdeña y algunas colonias en las costas del Norte de África le garantizaban este dominio marítimo.

Sin embargo, tenían tres puntos débiles a tener en cuenta. Uno de ellos, se encontraba internamente, es decir, en el ejército. Era un ejército formado por mercenarios, cuya lealtad ante los momentos difíciles era dudosa.
Otro problema se centraba en sus dominios territoriales del norte de África, pues estos tenían una escasa cohesión geográfica, frente a los dominios itálicos, bien delimitados.
Y por último, estaban en continua amenaza, que provenía de una rebelión formada por sus súbditos libios, que estaban descontentos por las condiciones a las que se veían sometidos.

Romanos y cartagineses libraron tres guerras difíciles que se desarrollaron en gran parte del siglo III y en los años centrales del II a.C. La derrota de Cartago tuvo como consecuencia la total destrucción de la ciudad.
En estos combates participaron grandes mandos militares, entre los que destaca la figura de Aníbal. Sorprendió y derrotó a los romanos en tres importantes batallas, pero fracasó debido al potencial militar por parte de Roma. Aníbal fue obligado al exilio y se suicidó antes de ser capturado por los romanos.

Lucha en el Mediterráneo oriental.

En la parte oriental del Mediterráneo, los romanos tuvieron que librar escollos ante los reinos helenísticos, que se habían formado tras la muerte de Alejandro Magno. Destacaron los Antigónidas que dominaban Macedonia y los Seleúcidas que poseían casi toda la parte Oriental.
Estos reinos destacaban por su capacidad militar y financiera, muy superior a la de Roma. Pero las rivalidades entre estos dos reinos y la propia ambición de los monarcas los impidieron llegar a un acuerdo para intentar acabar con Roma. Al final estos territorios a finales del siglo II a.C. acabaron en manos romanas.

Tras acabar con estos reinos, aún faltaban dos obstáculos: Egipto liderado por Tolomeos y Ponto con Mitríades VI Eupátor. Aunque muy pronto acabaron por sucumbir ante las tropas de Sila, Lúculo o Pompeyo el Grande que impusieron el dominio romano en la zona oriental.

Luchas en Hispania.

La conquista de la península Ibérica fue un proceso bastante largo, complejo y costoso. En este caso, Roma no se enfrentaba a un Estado organizado, sino que hacái frente a una especie de tribus independientes que buscaban y defendían su libertad.
Ruinas de Numancia
Esta guerra fue más difícil de lo que se predijo. Se establecieron múltiples campañas, que dieron a Roma muchas desgracias: el botín que se conseguía era muy escaso, las condiciones de vida en los bosques eran muy duras, los soldados romanos desconocían el terreno y estaban sometidos a constantes emboscadas. Escipión Emiliano fue el que tras un asedio a la ciudad de Numancia, puso fin a esta duradera guerra.


En el caso de Lusitania, fue otro foco importante debido a su resistencia. Los indígenas, liderados por un caudillo inteligente y muy hábil, Viriato, puso a las tropas romanas en jaque. La guerra contra este líder se presentó bastante complicada pero su asesinato a traición acabó con la resistencia que se estableció en todo el país.


Daniel Velasco García

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